Dos días de luto por el fallecimiento del cantaor utrerano Ramón Benítez Mira, conocido como Chato de Utrera

El alcalde de Utrera ha querido lamentar, en nombre del ayuntamiento y de la ciudad, la pérdida “de uno de los grandes, que ha acompañado a figuras del flamenco y que siempre ha llevado el nombre de Utrera a gala”. “Hoy no es es un buen día para Utrera, que como dice su hijo ha amanecido ronca y triste, y un mal día para el mundo del flamenco”. El alcalde ha decretado dos días de luto y la bajada de las banderas a media asta en el día de hoy y el de mañana “como testimonio del dolor de Utrera por la pérdida de sus hijos más ilustres”.

Reseña biográfica. 

Utrerano, cantaor flamenco, criado entre gitanos en los postigos de la calle Nueva, quería ser recordado como un cantaor que se ha dejado los pulmones allí donde cantaba.

Nacido en 1945 en la casa de su abuelo Ramón, fue el mayor de seis hermanos, hijos del corredor Ramón Benítez Moreno y de Antonia Mira Bermúdez, biznieta del Tenazas, de Morón de la Frontera.

Pasa su niñez en los postigos de la calle Nueva junto a los Chaves, los Torrealta, los Vereo y algunas casas gitanas, como la de José de Aurora, la de Manuel de Angustias y la de su hermano Diego Jiménez.

De niño iba al colegio de Doña Emilia, en la Vía Marciala, y jugaba a la billarda y a la lima, que le preparaba su tío Manolo, “el cojo de los hierros”, rodeado del ambiente flamenco de la casa de Andrés de la Carrasca, compadre de su padre, y del que se formaba en tabernas, como casa Acosta, La Macarena, el Pintor o el Pollo, donde gitanos y gachós bailaban y cantaban con gusto y paladar.

Las fiestas y el ambiente gitano le atraparon desde muy pequeño, cantando fandangos a real por las reuniones, donde era conocido como chatillo o el niño de Ramón “el de los hierros”.

En febrero de 1962, con diecisiete años, decidió marcharse a Barcelona en busca de un provenir. En aquellas 34 horas de viaje, desde Utrera a la Ciudad Condal, Ramón decidió ser artista.

Comienza a cantar en la venta El Camarote, donde solían acudir artistas y trasnochadores. Por aquel entonces, la genial Carmen Amaya rodaba una película en Barcelona, y junto a su marido, tras oir cantar al Chato de Utrera, lo contratan para trabajar en el tablao Las Cuevas.

Lo más malo había pasado, y tras su paso por el tablao Los Tarantos, artistas de la talla de Antonio Gades, La Chunga, María Albaicín, el Güito o Manolete se lo rifan para incorporarlo a sus respectivas compañías para giras por Europa y América.

En el año 1965, tras algún problema en la frontera francesa, decide de manera impulsiva enrolarse en la legión, donde está de ayuda del coronel José Mª Timón Lara, hasta el año 1968, en el que se licencia y regresa a Utrera.

Al año siguiente realiza una gira con Antonio Gades viajando por diferentes países y conociendo a diferentes artistas. Al termino de la gira con Gades, Pepa Flores, Marisol, le presta dinero para ir a Utrera en busca de su novia, Francisca Fernández Fernández, con la que se casa en la basílica de la Merced ese mismo año, acompañado por sus paisanos artistas que se encontraban trabajando en Barcelona por aquel entonces, Enrique Montoya en la sala Paná, Bambino en la sala Riviera, El Gran Simón en la sala Tabú y, en la sala Novedades, Parrás.

En Barcelona nacieron sus hijos mayores y allí estuvo hasta el año 1974 cuando regresa con su familia a su casa de los postigos de la calle Nueva. Continuando con sus actuaciones y participaciones en concursos de cante, como el de la Unión.

En el año 1976 su vida daría un giro, fue a Castellón contratado para dos días y se quedó 16 años apenas sin venir por Utrera.

En Castellón es acogido y emprende diferentes negocios relacionados con la hosteleria y el ocio, sin olvidar sus recitales de cante por las salas de fiesta, aunque en menor medida. Comienza una nueva vida con el nacimiento de su hija Azucena. Dirige programas de radio en antena 3 y realiza algunas giras por el extranjero.

En el año 1995, tras las fiestas navideñas, regresa a Utrera. Tras su vuelta, echa en falta algunos lugares de encuentro, aunque se siente muy arropado en el homenaje que se le tributa en el Castillo, madrinado por Fernanda y Bernarda. En el año 1996 abre el Potaje Gitano y, en el 2000, recibe el homenaje del Festival del Mostachón. Su vuelta a Utrera le supone un reencuentro con el mundo flamenco de nuestra tierra. Su último homenaje lo recibió el 3 de mayo de 2014 en el Teatro Municipal de Utrera por toda su trayectoria.

Para Chato de Utrera los grandes y puros de este arte fueron Fernanda, Juan Talega, Mairena y Tomás Pavón. Seguidor fiel de Perrate, creía que el flamenco va mucho más allá de lo que muchos dicen y todos creemos.

Recordaba en el baúl de su memoria los veinticinco minutos que estuvo Antonio Mairena cantado por soleá en la Universidad de Barcelona en el año 1974.

Para Chato Utrera, en el cante debe primar la calidad frente a la cantidad, aunque por desgracia, todas las canteras se agotan.

Hoy, 20 marzo, el equinoccio de primavera se ha llevado a Ramón Benitez Mira, Chato de Utrera, genial personaje pletórico de casta flamenca. Un nuevo y duro golpe para el flamenco utrerano de una generación cantaora, que ha hecho historia.

 

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