Participación Ciudadana propone una Semana de la Ciencia entre el 16 y el 21 de octubre

La Real Academia define a la ciencia como aquella “rama del saber constituida por el conjunto de conocimientos objetivos y verificables sobre una materia determinada que son obtenidos mediante la observación y la experimentación”. Bajo esta definición se incluyen aquellas materias que en la escuela eran sinónimo de aburrimiento o sufrimiento, como las Matemáticas, la Química o la Biología.

Ante esta creciente oleada de “escepticismo científico” socialmente aceptado, la Delegada de Participación Ciudadana Sandra Gómez ha querido implementar una serie de actividades encaminadas a fomentar el conocimiento científico usando como elemento dinamizador la participación ciudadana en una experiencia piloto que se conoce como “Ciencia Participativa”. Bajo el nombre de “Ciencia Participativa”, los utreranos buscarán promover sinergias con las que poder reconocer, conectar y actuar frente a problemas concretos siguiendo aquel precepto que sostiene que “miles de personas pueden hacer más que diez”. Se trata de una norma cuasiuniversal a la que la ciencia no puede permanecer ajena.

De esta forma, desde el 16 al 21 de Octubre, los escolares y todos aquellos utreranos que lo deseen podrán acercarse al Mercado de Abastos de nuestra localidad para conocer cómo trabajan los conservadores de los museos de historia natural, caracterizar procesos físicos y químicos presentes en nuestro nuestro día a día, identificar la entomofauna local, diferenciar a los animales por sus huellas o aprender a reconocer en nuestra bóveda celeste los astros y estrellas más comunes.

Sandra Gómez ha querido destacar que el motivo que le ha llevado a poner en marcha este proyecto es que: “con la creación de este tipo de iniciativas, lo que se pretende es que el ciudadano aprenda de una manera amena y divertida, invitándole a ser protagonista del evento y no un simple colaborador o espectador al uso. Hoy día, casi nadie duda que personas con talento o que atesoran dotes excepcionales y que son ajenas a los entresijos de la ciencia y la comunidad científica pueden y deben aportar soluciones originales tanto a los viejos problemas que aún quedan sin resolver como a aquellos nuevos retos que la sociedad va planteando en su progreso”. Asimismo, ha remarcado que “este tipo de actividades sirven para asaltar la Torre de Marfil en la que se encuentra atrincherada la comunidad científica. Resultaría irónico quejarse de la incomprensión ciudadana por la ciencia cuando no hacemos ningún esfuerzo por acercarnos a ella y no pedimos a los profesionales de la materia que nos hagan partícipe de ella”.

Hoy por hoy, la ciencia participativa debe traspasar la frontera de lo ocasional o anecdótico para abrir un nuevo modo de hacer ciencia. La ciencia participativa, o al menos su preparación, debería pues iniciarse desde las primeras etapas de la infancia y formar parte de sus aspectos curriculares y formativos.

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